martes, 24 de febrero de 2009

Hogar. Por Tato Cort.

HOGAR

Hogar, dulce hogar, holgar, halagar. Pilar de civilizaciones, principio de comunidades, ciudades, naciones, imperios.
Todos los hogares no tienen iguales características. Hay hogares residenciales, con una urbanización bien estructurada. Buen alumbrado, con garitas y sus guardas en la entrada, cámaras de vigilancia para la protección, coches patrulla que cuidan de la seguridad y el descanso de los dueños. Club social, pistas de tenis, golf, piscinas. Bien comunicadas, con colecciones de coches en los garajes, cuidados por criados dóciles. En el interior de esas viviendas se siente la bonanza, la armonía, el confort con los últimos adelantos de la ciencia y la técnica. Con calefacción central, con chimeneas francesas alimentadas de maderas nobles crepitantes, muy decorativo... Hay frigoríficos repletos de variación, sin productos caducados, con proteínas. En las comidas, con todos los cubiertos y vajilla, sobre manteles bordados, atendidas por sirvientes. Todos los alimentos de huerta con abonos naturales, sin pesticidas, trabajados a pulmón.
Siempre se deja algo en el plato, para no mostrar hambre y si un cierto derroche. No se alza la voz.
Estas mansiones están decoradas por estilistas de moda con esculturas y cuadros de artistas que salen en los libros, mullidas alfombras, amplios sofás forrados de pieles de animales protegidos. Con camas ergonómicas, con cuartos de baño de diseño, con todo lo indispensable para mantener una buena higiene y estética adecuada, con gimnasios para mantenerse en forma, con desayunos copiosos y reconfortantes y poder afrontar los problemas de la vida.
En todos estos espacios se huele a opulencia, a buena inversión, educación, respeto y a diferencia. Cuidados por una tropa de servicio selecto, fiel.
Hay otras residencias, en los ojos de los puentes. Muy bucólicas, pero inseguras, frías en invierno, calurosas en verano, con riesgo a desaparecer en las noches de crecida (del río). Sin cuarto de baño, ni lavadora, ni secadora. Con agua corriente, eso si. Sin cocina ni frigorífico ni calefacción, pero con cajas de cartón y hogueras que proyectan en las noches de pesadilla, sombras de matones con porras, pistolas y gasolina. Cuidado, no se vaya a ahogar en el hogar.
Si la publicidad, esa luz proyectora del poder y mercado, se pudiera zarandear y trastocar, obteniendo resultados aleatorios, reveladores de otras realidades cercanas, podríamos descubrir carteles anunciadores, tan insultantes, como: “ciudad dormitorio en el polígono sur, para la get set”, “zonas residenciales en la sierra para los sin papeles”, “Hangar de chapa de bidón y hogaril individual para ejecutivos alto standing. Aparcamiento gratuito. Zona Campamento”. “Nueva promoción en las Mil viviendas con club de tenis, campo de golf, pistas de polo, solo para indigentes”.
“Goce de la digital con pantalla de 30 pulgadas de plasma, junto a la hoguera, en casas bombardeadas”. “ Club Náutico para inmigrantes. Embarcaderos, equipados con todos los servicios. Dentro del recinto, apartamentos construidos y amueblados según técnicas feng-shui. Hogar en los salones. Sauna, para rápida rehabilitación de la hipotermia, restaurantes con la nueva cocina de vanguardia, con productos ecológicos para desnutridos de largas travesías. Servicio esmerado a cargo de blancos con título universitario. Semanalmente se realizarán actividades recreativas como, fiestas de bienvenida a nuevos apresados. Cursos para patrones de pateras, técnicas de rescate, navegación, natación; windsurf y vela, moto acuática, regatas, entrega de trofeos. Sala de proyecciones. Exposiciones de fotografía sobre la hambruna en los países de pertenencia. Reportajes sobre la violencia mas cruenta en los países de origen y la seguridad de los de acogida. Debate sobre las diferencias existentes. Aportar distintos puntos de vista para posibles soluciones y relaciones comerciales en el futuro. Conferencias de integración sobre la cultura, religión y costumbres del país de acogida. Consumo, derroche, moda, ostentación. Cursos rápidos de codicia, gula, etc. No se admiten socios blancos,
Los contrastes hogareños mas dispares los vemos al hojear revistas, cuando se juntan se juntan en sus páginas. La chabola en un paisaje polvoriento con la pobre madre de color, consumida y en harapos, con el niño esquelético, mamando de una teta vacía. En la siguiente página la modelo sana, radiante, bien nutrida, en una villa con vistas al Mediterráneo, con el niño rollizo, limpio, deleitándose con la papilla de su marca preferida. Mas allá el descapotable amarillo, rumbo al hogar paraíso etc.
Es tan fácil entrar en el juego de los vencedores, los privilegiados, el despilfarro y en el olvido intencionado de los desfavorecidos, que todo lo que nos recuerda la miseria de otros, nos sirve de vacuna contra esa miseria que no queremos, ni compartir, ni erradicar.
Hay gente buena, que se dedica a ayudar a los pobres de países lejanos, ricos en materias primas, con los excedentes de la producción occidental. Se organizan cenas lujosas contra el hambre, en las que solo participa la crema de la crema social. Todo esto desgrava, pero ayuda poco a los pobres a remediar sus problemas estructurales.
Rezamos para seguir en la parte superior de la pirámide social, y nos convertimos en despiadados cuando tratan de despojarnos de nuestros “logros consolidados”.
Antes un conflicto sangriento, que quedarnos sin calefacción, que para eso pagamos un ejercito con el sudor de nuestros impuestos.
Todos perseguimos la idílica imagen de un hogar confortable, seguro, en el que reine la paz y el amor. Como lo zabe...¡insh!
tatocort@yahoo.es

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